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Sevilla

Sevilla, tenemos un problema

Hasta el mayor defensor de que la ciudad acoja grandes acontecimientos como la final de una UEFA sostiene que reconocer que hemos sufrido verdaderos problemas de convivencia, seguridad y hasta de salubridad. Hemos llegado a un punto en que si queremos aspirar a determinados objetivos debemos estar mejor preparados. No se si la solución se denomina o pasa otras por la declaración del Estatuto de Capitalidad (oh, perdón, si se enfadan algunas de provincias hermanas), la exhibición de mil policías más o directamente la declaración de una suerte de estado de alarma.

El chance es que no podemos Seguir conociendo la cochambre, inmundicia y desorden que hemos padecido ya demasiadas veces con tanta intensidad en tan poco tiempo: el afeamiento de los monumentos, el uso reprobable del patrimonio, los comercios cerrados prematuramente, los miles de vecinos que se confinan voluntariamente, la preocupación y hasta el panico por las algaradas que se producen precisamente a la hora de las salidas del colegio…



Todo provocado por el abuso de alcohol, por supuesto. Venimos de una Madrugada con la aplicación de una ley seca a partir de la una de la noche y hemos tragado with los desórdenes de una final de fútbol que en la práctica son tres días de efectos nocivos. Si queremos Seguir siendo Sede de estos acontecimientos es necesario un protocolo de medidas más contundente. Nada de lo que hemos sufrido, por ejemplo, en el Mundial de 1982de donde los más parecidos fueron las cogorzas de los escoceses en Heliópolis.

La sociedad ha cambiado mucho y Sevilla no está adecuadamente preparada para controlar estos hitos. Pero puedo estarlo. Sería absurdo renunciar a acoger más finales. Basta de adaptar la ciudad. El problema, al final, está en el centro, no en los barrios. La zona de conflictividad está acotada. No es casualidad que se repitan las mismas zonas de conflictividad: Reyes Católicos, esquina con el Paseo de Colón, y Santa María la Blanca en su confluencia con Puerta de la Carne. No se puede reeducar a la masa, pero sí tomar medidas, como se ha hecho con la Madrugada, que ya es triste y desalentadora la comparación. De momento, alcalde, tenemos un problema. El centro de Sevilla apesta las jornadas de grandes acontecimientos deportivos. Y no es culpa del fútbol, ​​sino de la mala educación. Al igual que Sevilla no está sucia por culpa de los alcaldes, hasta el incivismo de los sevillanos y sus visitantes. No estamos preparados.

perdimos la cultura del sable estar de la masa. ¿Les suena en algo lo de la semana Santa? Han pasado 22 años y todavía Seguimos manejando de controlar una noche. ¡Y aspiramos a más finales con 130,000 tipos sin entrada y embriagados!

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