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Sevilla

¡Patatas fritas para los Red Hot Chili Peppers en Sevilla!

Un buen metro intuye con precisión el perfil del cliente en cuanto llega, salud y se sienta en la mesa. Los años de oficio del torero le permiten adivinar la evolución del toro en cuanto sale por los chiqueros, valga el ejemplo. Muchos recordarán a Romero cuando arqueaba la ceja y miraba de reojo al burel recién salido de los toriles. Sabíamos ya por el gesto del camero si le iba a echar ganas o no. Pues algo así ocurre en la hostelería. El que lleva años expuesto al público adivina con rapidez quien viene a gastar, quien a dejarse ver y quien a calentar asiento con el consumo mínimo.

El mediodía del sábado se sentaron cuatro tipos de aspecto zarrapastroso, desalinizado o desenfadado (cada cuál escoja el calificativo que le plazca, que ya sabemos que sufrimos la España de los ofendiditos) en la cotizada terraza de Robles, en la calle Álvarez Quintero, esa que guarda derecho a Giralda. Hubo en el negocio quien salio con celeridad a echar a un vistazo porque todo indicaba que los cuatro tipos respondían a esos clientes que te hacen un ‘sinpa’ en menos que un gallo (de Morón). Pero, oh, traían dos escoltas que impedían que nadie se les acercara. Resultaban ser famosos. Nada menos que los Pimientos rojos picantes. Y no dam usted que no los conoce porque quedará mal. La orden fue la mar de fácil: patatas, muchas patatas fritas. «Aceite de oliva». Patatas y más patatas fritas. Hidratos de carbono para un tubo. Menos mal que salió el bueno de Pedro Robles y les sugirió con éxito que probaran la ensaladilla, el ceviche y pescado frito. Firmaron en el libro de honor, se marcharon muy satisfechos al hotel no sin antes dejar encargados las viandas para el avión particular que los llevaría de retorno desde el aeropuerto de San Pablo, que para eso Robles tiene licencia para operar como tabernero en varios aeródromos españoles . De nuevo un menú sencillo a base de bocadillos, muchos bocadillos. Nada de mariscos, que eso es cosa de futbolistas en el taco. ¡Las apariencias engañan! Vivimos en una sociedad donde hace tiempo que los camareros van mejores vestidos que los clientesel pantalón largo está en extinción, el usted si usa fundas como arma arrojadiza y el Palo de nata si considera postre de calidad.



Sí, Pedro está obligado a intervenir, los viejos rockeros acaban más hartos de patatas que aquellos sevillanos de los años ochenta que hacíamos cola en el Dulio de la calle Velázquez. Por cierto, que muchas franquicias en Sevilla, pero cuando se trata de fuera si busca lo auténtico. Aunque sea para patatas fritas. Fritas con aceite de oliva.

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