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Bilbao

«Que la gran familia que es Otxarkoaga siga teniendo futuro»

El grupo Aullidos de Otxar creó una pequeña representación de los orígenes del barrio / ayuntamiento de bilbao

El Ayuntamiento y la Asociación Tendel conmemoran con un acto el 60 aniversario de la creación del barrio

Eva Molano

En las campas de Otxarkoaga, jalonadas por un puñado de caseríos, comenzó en 1959 la construcción en un tiempo récord de 3.670 pisos, repartidos en 114 bloques, para dar salida a la demanda de vivienda de las 160.000 personas que habían huido de la miseria del Campo y que se hacinaban en pisos de patrona y en campamentos de chabolas y que trabajaban en las minas y en la floreciente industria de Bilbao. El Ejército derribó unas 1.600 en Artxanda, Monte Cabras y Monte Banderas y 2.155 familias tuvieron que desplazarse al poblado de Otxarkoaga por orden del Caudillo. Un equipo de arquitectos, dirigido por Pedro Ispizua, participa en el diseño del barrio que pretende recibir viviendas dignas en los obreros llegados desde Andalucía, Extremadura, Galicia o Castilla. Sus ocho torres fueron, durante seis años, el techo de Bilbao. Los pisos del polígono se ofrecieron a precios sociales, muy baratos. Muchas familias los recibieron con mucha ilusión: muchas tenían agua corriente en casa por primera vez. Las viviendas comenzaron a ser habitadas en 1961, antes de que las calles tuvieran asfalto. El barrio cumplió el año pasado 60 años pero la celebración si se ha retransmitido por la pandemia.

El Ayuntamiento ha organizado esta mañana un acto junto con la asociación Tendel en Harrobia, que fue antes la iglesia del barrio, muy importante en la época. A la sesión, presentada por la periodista de EL CORREO Solange Vázquez, han asistido mimbros de todos los partidos de la Corporación. Primero, el grupo de teatro comunitario Aullidos de Otxar creó una pequeña representación de los orígenes de Otxarkoaga. De cómo miles de personas tuvieron que dejar su pueblo atrás para poder salir adelante y ocupar los pobladores de chabolas que habían en Irusta, Los Caños, Monte Cabras, San Agustín… «En los cincuenta, en la España rural only if hablado de bandos, de cartillas de racionamiento, de hambre, de raquitismo». De cómo discurrió la vida después en el vecindario: de cómo la gente, humilde, sencilla, sin prebendas, charlaba en los balcones. «Nos hicimos un barrio obrero y sindical, de pobres pero rebeldes. Aquí no nos pisa ni Dios». Durante la jornada, también se han repasado algunos hitos del barrio.

Video.

El coloquio sido presentado por la periodista de EL CORREO Solange Vázquez. /

ayuntamiento de bilbao

Cuando se construyó, no había aceras y los vecinos caminaban por el barro. Las iglesias, escuelas y el centro cívico no se finalizaron hasta 1964. Las humedades y otros problemas se hicieron Pronto notorios: 200 pisos se revelaron habitables. Los vecinos, organizados en asociaciones y con su lucha, consiguieron sacarlo adelante. El primero fue protagonista en 1977 y 1978, con Encierros en el Ayuntamiento. Lograron que el Gobierno central enviará 4.000 millones de pesetas (algo más de 24 millones de euros) para pagar en directo.

La droga arrasó el barrio

El plan se prolongó una década. Después de hacerlo con el Ayuntamiento, que en el año 2000 solo había ejecutado el 23% de la urbanización Y es que Viviendas Municipales adquirió el polígono al Ministerio – excepto unas 300 casas, el resto eran de renta – y vendieron más de 2.000 a los vecinos, lo que el barrio consideraba otra victoria. La sociedad municipal retiene 1.200 unos. Pero «en el barrio le trajeron toda la marginación», dice la Asociación de Familias de Otxarkoaga siempre, creada en 1968. Los más vulnerables, con más problemas económicos e hijos eran los que tenían preferencia de acceso a los pisos y no los propios vec que los querian. Mientras, la droga arrasó el barrio en los ochenta. Las inundaciones de 1983 la destrozaron. Las calles obtuvieron un nombre de los caseríos de la zona en 1994, porque hasta entonces eran bloques con números.

El hito más reciente en el barrio es el metro, en 2017, que deja a los vecinos en el Casco Viejo en unos minutos. Todavía hoy siguen las obras para remodelar viviendas, se construyen ascensores que hacen menos cuesta arriba la vida a sus vecinos. Pero aún queda mucho por hacer. Porque el gran problema del barrio es que el comercio, ya la vez sus vecinos, están envejeciendo. El peligro es que Otxar, sin jóvenes, pierda su identidad, su alma. Porque los jóvenes se tienen que marchar fuera, aseguran los residentes que han alcanzado en una mesa redonda junto al alcalde, Juan Mari Aburto. Txutxi Paredes, historiador y profesor, ha defendido que «el urbanismo ha mejorado, ahora nos falta terminar la parte social y del día a día, la convivencia. La gente está orgullosa del sentido de pertenencia en Otxarkoaga. El pasar penurias crea carácter y comunidad y red. Pero no queremos que Otxarkoaga, que ya tiene 61 años, se jubile a los 65. No vemos juventud en las calles». “Lo mejor del barrio son las personas, esa solidaridad de las familias, los comerciantes, las personas. La pena es que muchos si han tenido que irse del barrio porque no han tenido acceso a las viviendas sociales. O si lo tienen, es porque se lo dan en zonas en las que la convivencia es complicada y lo que queremos es tranquilidad. El barrio ha mejorado, ha llegado al metro, que da facilidades para ir a trabajar. Habría que impulsar el comercio un poco más, porque hay locales vacíos. Sigue teniendo muchas cuestas, y aunque se dan facilidades a los vecinos para poner ascensores, sigue siendo muy caro para la gente mayor que cobra pensiones pequeñas», explica Yolanda Ruiz, vecina del barrio que trabaja en el CIP Otxarkoaga.

«La fama que han puesto al barrio me da rabia»

Una de las principales virtudes del barrio es que todo el mundo cabe en él. Todo el mundo es bienvenido y acogido. Mohssine Elhadadi decidió mudarse allí a los 18 años porque estudiaba allí, jugaba al fútbol allí y había comenzado a trabajar allí. Quería trabajar en un concesionario, pero ahora coordina el Otxartabe, en el que juegan 150 chavales del barrio. «Me gustó porque era algo diferente. Los magrebíes normalmente no tenemos esa posibilidad ni acceder a esos trabajos porque tenemos que estar trabajando en otras cosas para poder pagar el alquiler pero Otxarkoaga me dio esa opucky». Yolanda Aurtenetxe, de la asociación de vendedores y nacida en Deusto, lleva 38 años trabajando en el mercado de Otxarkoaga. «Otxar es como una familia. Si hablas por la ventana, tus clientes vienen a ti por problemas. Este barrio es muy abierto. Aquí he dejado hasta el coche abierto y no me han robado nunca, en la vida. Me da mucha rabia esa imagen que le han puesto al barrio». «Otxarkoaga es sinónimo de barrio, de identidad y sentido de pertenencia. Es el barrio en el que se ha desarrollado a las campañas más bonitas que vio, ‘Yo soy de Otxar’. Porque en un barrio en el que se ha hecho comunidad, se han tejido lazos entre las personas. Destaco su solidaridad y diversidad, y su convivencia, y también que durante la transformación no se han perdido todos estos valores», ha explicado el alcalde, que si se ha comprometido a escuchar de nuevo a los vecinos para poder ahondar más en las necesidades del barrio.

Seguirán los festejos por el aniversario del barrio. Este fin de semana, hasta el siguiente, se celebran las fiestas patronales. El domingo habrá una representación del grupo Aullidos de Otxar, una exposición fotográfica en la plaza Ángela Arregi que se instalará en el centro cívico y dos conciertos el 17 de septiembre. A finales de año será el Otxarmetraje, un certamen de cortos grabados a personas del barrio, porque Otxarkoaga da para muchas historias.

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