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«Nunca me han permitido hacer lo que hacen las chicas aquí». Mireia Rourera | barcelona | Sociedad

Hace unos meses una mujer que se identificó como Sukaina (sin apellido y sin más pistas) explicó a través de Twitter que había sido objeto de malos tratos religiosos (y agresiones físicas) por parte de su padre, que tuvo que denunciar. “Nunca he podido ir a la escuela con un amigo de la escuela, un niño, inimaginable. Nunca he podido ir a una fiesta, ni a la piscina, ni hacer una caminata. Simplemente me dejan ir a la biblioteca. Nunca he podido llevar minifalda, ni tacones, ni pintarme…», recuerda, y asegura -como explicó alguna vez la escritora Laila Karrouch en estas mismas páginas- que eso les pasa a la gran mayoría. de las niñas musulmanas que viven en Cataluña Sukaina optó por el Islam, por lo que ha recibido amenazas y debe permanecer en el anonimato.

Explicó a través de Twitter que a los 16 años denunció a su padre por abuso religioso, razón por la cual terminó en un centro de menores durante dos años.

Fui una niña obediente y orgullosa de mi cultura hasta los 14 años y recuerdo criticar la occidentalización, la libertad sexual y todo lo demás… pero llegó un momento en que las cosas dejaron de ir bien. Saqué muy buenas notas, ayudaba en casa… pero mis padres no estaban contentos conmigo porque todavía no me había puesto el velo.

¿Y se puso?

Finalmente me lo puse cuando tenía 14 años, pero luego me lo quité, lo que causó mucha decepción y vergüenza a la familia. Cuando me obligaban a ir a la mezquita, tenía que llevar velo, sí o no. Me golpeaban en la mezquita, a mí ya muchas otras niñas y niños si no sabíamos nuestra lección. Por fuera dicen que hay que ir a la mezquita para aprender árabe, pero por dentro lo único que nos obligaban allí era aprender el Corán de memoria. Si no hubieras memorizado el flotador que estaba tocando, te habrían golpeado con un palo entre los dedos. Esto solo pasó hace doce años, pero he hablado con otras chicas musulmanas y me dicen que en otras mezquitas pasa lo mismo en el área metropolitana de Barcelona. Estoy muy preocupada y no sé cómo las instituciones no controlan lo que sucede dentro de las mezquitas. En los Países Bajos se ha descubierto recientemente que la sharia, el salafismo, prevalece en las mezquitas; donde les dicen a los niños que la homosexualidad debe ser castigada, etc.

¿El esta en casa?

En mi casa, las cosas empezaron a cambiar cuando me convertí en mujer. Nunca me habían permitido ir a nadar con la escuela, ni hacer campamentos de verano con mis compañeros, ni hacer caminatas, ni hacer actividades extraescolares, ni ir a estudiar a casa de un amigo, ni a una fiesta de cumpleaños…; en la casa de un niño hoy ya no se consideró ni se propuso para miles de niñas en edad escolar y niños de familias musulmanas. Mira, mi primer celular lo compré cuando tenía quince años, y me tomó tres meses porque mi papá vio que tenía el número de teléfono de un compañero de clase, un niño. Tenía su número porque estábamos haciendo un trabajo en la escuela secundaria y teníamos que hablar. Bueno, para conseguir el teléfono de un chico, mi papá tomó mi celular. La fama familiar de lo que puedes hacer fuera de casa, la sola idea de que puedes perder la virginidad pesa tanto que el control sobre nosotros es total y absoluto, rayano en la paranoia diría yo.

¿Se sentirá controlado?

Mi padre y mi familia controlaban todo lo que hacía: me seguían hasta el bachillerato, a todos lados, no podía desviarme ni un centímetro de lo que ellos pensaban que había que hacer para mantener el honor. Y no me pasaba solo a mí: ahora les está pasando a todos los adolescentes musulmanes catalanes. Y quien diga lo contrario miente.

La escritora Laila Karrouch argumenta que es imposible que una chica musulmana se case con un no musulmán, y mucho menos con un ateo.

Tiene razón, la religión musulmana ni siquiera lo considera. En la religión musulmana se debe seguir el linaje del padre, por lo que un hombre puede casarse con un no musulmán porque sus hijos serán musulmanes porque él es el patriarca de la familia. Pero una mujer musulmana nunca puede casarse con un no musulmán; está totalmente prohibido y así lo dice el Corán. Y menos con un ateo. En cualquier caso, el hombre debe convertirse.

Explicaste en el hilo de Twitter que te sentías oprimida.

Las cosas no me salían bien: mis amigos estaban haciendo cosas y yo no podía hacer nada. Llegó un momento en que ya ni siquiera contaban conmigo. Lo único que me dejaban hacer era ir a la biblioteca. Leer fue una salvación para mí. Fíjate si yo pasaba horas en la biblioteca que hoy sigo en contacto con la bibliotecaria… pero llegó un momento en que mi padre también se enojó porque yo estaba todo el día en la biblioteca y me pasaba el día leyendo. También estaba enojado porque un día me atraparon jugando al fútbol. ¿Y cómo me atraparon? Porque es toda la comunidad la que te controla porque si yo me salgo del medio toda mi familia se va a contaminar y se va a cuestionar la masculinidad de mi padre.

Y se escapó.

Me escapé dos veces de casa porque llegó un momento en que me pegó. Mis amigos me preguntaron, pero por vergüenza lo negué, pero un profesor de educación física se dio cuenta y habló con otro profesor de español, y este segundo profesor, a quien todavía hoy le estoy agradecido, hizo algo que se suponía que no debía hacer: él hablé con la dirección del instituto y fueron a servicios sociales, finalmente fueron a hablar con mi padre. Fue después de que hablaron con él que estaba furioso por lo que había dicho fuera de la casa. Y me golpeó. Y luego me escapé.

¿I?

Duró una semana. Ese maestro se puso en contacto conmigo, tuvieron otra reunión de la junta de la escuela secundaria con mi papá y me prometió que nunca me volvería a hacer eso. Regresé, pero la promesa de mi padre duró quince días. Yo tenía entonces dieciséis años y un día fui con una amiga a repartir currículums en un gran centro comercial… Ella se enteró y me llamó. «¿Dónde estás?» me preguntó mi padre. Y le dije.

¿Y que pasó?

Vino a buscarme, no sé por qué se cruzaron sus hilos, cuando solo estaba repartiendo hojas de vida para encontrar trabajo! Echó a mi amigo y, de camino a su casa, empezó a insultarme en español, cosa que nunca antes había hecho porque estaba en casa y me hablaba en árabe. Y empezó a gritarme y a escupirme. Y puta, puta, puta… Hace poco estuve hablando con mi madre y aún no entendemos el por qué de los insultos de aquellos días. Creo que me insultó en español para que la gente de la calle entendiera. Al día siguiente me escapé de nuevo. Me quede unos dias en casa de una amiga, me podian hospedar una noche… eramos chicas de 16 años!, pero terminé durmiendo en un parque porque no sabia a donde ir ni con quien pedir ayuda.

Debe haber sido muy difícil para ti.

Independientemente de que te peguen o no, la violencia religiosa, en mi opinión, la sufren la gran mayoría de las niñas de familias musulmanas aquí en Cataluña y nadie lo explica por miedo a las represalias. Tampoco tenemos ningún apoyo institucional para hacer la transición. Lo que quiero decir es que si ya es difícil que una mujer denuncie la violencia de género de su pareja, por ejemplo, ¿cómo podemos pedirle a una niña que lo haga con su familia? Cuando me escapé de casa fui siete veces a la comisaría…, y les expliqué que por motivos religiosos mi padre abusaba de mí y me obligaba a hacerlo…; y ¿sabes lo que me dijeron?, para enseñarles las cicatrices. Déjenme mostrarles las cicatrices del maltrato y mi padre iría a la cárcel y mis hermanas y yo iríamos a un centro de menores.

¿Y su madre?

Mi madre tiene 30 años aquí y ni siquiera habla español porque no sale de la casa. Y ante eso, ¿qué debo hacer?

¿Qué hizo él?

Finalmente, la séptima vez que fui a la estación de policía, seguí adelante. Encontré a un oficial de policía que me ayudó y me dijo que si me quejaba, aunque no denunciara las cicatrices del abuso, me sacarían de la familia y seguirían a mi padre y mis hermanas. Y eso fue lo que hice. Y fui a un centro de menores.

¿Su padre notó la presión religiosa sobre ellos?

No. Simplemente actuó por temor a ser privado de la tutela de sus otras hijas. Nunca he hablado con él sobre eso.

No quería irse al extranjero para estar con sus hermanas.

Viven con mis padres porque es cierto que ahora él tiene más control y puede hacer más cosas que yo, supongo que porque después de mi caso los servicios sociales no le quitaron los ojos de encima. No la hermana que me sigue, pero las otras dos ya han sido liberadas de la piscina. Y ahora pueden salir las hermanas mayores que aún viven en la casa. Mentir, si. A lo mejor dicen que vienen a dormir a mi casa y yo los tapo.

¿Cómo es que tan pocas mujeres dicen lo que dices?

Nadie se atreve a denunciar la violencia religiosa porque si lo haces te llaman islamófobo. Los mismos musulmanes y la gente de aquí, gente de izquierda que dice que mi discurso es racista. ¡Pero si son de izquierda y feministas! Quieren silenciarnos y aquí se defiende generalmente esta religión, sin cuestionar nada. Fíjate que hay políticos que me han bloqueado y son de izquierda; es que no entiendo! Luego, algunos de ellos aplauden cuando alguien se ríe o se burla de la religión cristiana. ¿Cómo se entiende? Defienden el fundamentalismo del Islam y no toleran que nadie desde dentro lo denuncie, y en cambio les encanta burlarse del catolicismo. Es como decirle a una mujer negra que no denuncie a su esposo negro abusivo porque, como él es negro, denunciarlo es racista.

¿Me estás diciendo que es políticamente incorrecto criticar el Islam en este momento?

Sí, eso es correcto. Soy de izquierda y profundamente antirracista, pero hoy aquí no se permite ninguna crítica al Islam y si criticas esta religión, seas quien seas, te dicen que eres racista. Pero en Cataluña hay muchos, muchos hombres homosexuales, por ejemplo, que luchan por decir la verdad. Algunos que luchan con la cara expuesta son denunciados y deben ser observados. Tengo dos amigos activistas, uno de ellos es Mimunt Hamido Yahia, autor del libro No nos cubrirán. islam, velo, patriarcado– que daban charlas por Cataluña explicando lo que explico ahora en esta entrevista. Bueno, las organizaciones aquí repartieron en algunos lugares donde habían sido invitados unos expedientes llamándolos nazis, para ser convocados con la extrema derecha, y pidiéndoles que cancelaran las conversaciones, lo cual es sorprendente.

Criticas la posición de la mayoría de las feministas hacia el Islam.

Por ejemplo, en carteles supuestamente complementarios e guais cuando las mujeres son dibujadas, siempre tienen que sacar una con el velo. ¿Porque? ¡Porque el velo solo simboliza la religión musulmana! ¿Por qué una mujer no sale con una cruz al cuello? Solo dibujan a la monja musulmana y es importante saber que no todas las musulmanas llevan velo y no todas las norteafricanas son musulmanas. Creemos que identificar a las mujeres norteafricanas con velos musulmanes es racista, como si hubiésemos nacido con el velo en la cabeza. No se hace con otras religiones.

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