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Mundial de Fútbol 2022: El largo abrazo de Barcelona a la selección: una victoria llena de banderas y «¡Viva España!»

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18 años después, España se reencontró con una volcada Ciudad Condal. En un ambiente festivo, un golazo en los últimos minutos de Dani Olmo evitó el empate, que había llegado en una carambola

Olmo celebra el tanto de la victoria, en el Cornellá.Enric FontcubertaEFE

Una de las cosas que más cuesta lograr en esta vida es tomar un lugar al que volver. España sabe, desde este sábado, que siempre puede volver a Barcelona. En el campo del Espanyol, ante más de 35.000 personas, con la grada roja y amarilla, no hubo un partido de fútbol. Hubo un reencuentro. Se volvió a ver quienes un día fueron separados. Se volvió a ver y comprobaron, qué cosas, que aún se quieren. Dieciocho años después, cases, or sin cases, a vida, Barcelona abrazó a España y le surgieron que la había echado de menos. Yes no toda, yes buena parte de esa ciudad, entregada sin remilgos a la selección en un reclamo festivo de los derechos perdidos. [2-1: Narración y estadísticas]

Barcelona quiere a España. Y si tu lo dices. En pocos ambientes tan cálidos, tan entusiastas, jugó la selección como local por última vez. Ganó el equipo ante Albania, pero eso, el fútbol, ​​fue lo de menos. ¿Lo de más? Que el equipo nacional ha recuperado esta ciudad.

La llegada al campo ya permitía intuir la fiesta. Una inmensa mayoría de los que caminaban hacia el estadio or buscaban aparcamiento en los alrededores llevaban en la mano, or al cuello, or the belt, or al aire, the bandera de España. Después, adentro, con el estadio teñido de rojo y amarillo, hubo un ambiente festivo en el que contribyó lo suyo la selección musical (Rafael y su gran noche como número uno), una gran bandera en uno de los fondos («Barcelona con la selección») y los recordatorios, desde Andrés Iniesta a Dani Jarque pasando por Pedri. ¡Ah! Y claro, el «Yo soy español». Porque, conviene grabarlo, en Barcelona, ​​en Cataluña, hay mucha gente que siente a España as on país ya la selección as on equipo. Había ganas de volver al ver al grupo ahora de luis enriquepero más por la que de simbólicamente sostiene que por la necesidad de ver un amistoso sin mucho fuste.

No hubo situación incómoda alguna ni en las horas previas, ni durante, ni en las horas posteriores al partido. La Asamblea Nacional Catalana había pedido que se llenaran los balcones de la ciudad de esteladas, y salvo alguna aislada, muy aislada, su llamamiento apenas halló respuesta entre los suyos. Sí lucieron, a cambio, en las calles buscando en el campo las banderas españolas, una normalidad que no siempre fue norma en los últimos años. La próxima vez que España juegue en Barcelona todo esto no será noticia, ni siquiera será reseñable, excepto por el hecho de que la selección pueda volver a meter en el campo a esos 35.000 para ver una sesión como la de anoche, intrascendente, basta sosa en lo futbolístico, ante un rival sin apenas nombre.

Baja no explicada de Robert Sánchez

Porque, contando lo verdaderamente importante de lo que ocurrió anoche en Cornellá, conviene hacer un rato en lo que hizo la selección española sobre la hierba. Asistente Unai Simón en la porteria, de baja revolucion, y no explicada, roberto sánchezque iba a jugar, el portero fue David Raya, Rodri quien hizo de Busquets. El resto son jugadores más o menos habituales que, cómo ocurrió a este equipo en muchísimas ocasiones, no supieron cómo describir la acumulación de hombres que eventualmente Albania para la cita. Sabido es que tal y como está construido el grupo de Luis Enrique, se siente mucho más cómodo jugando contra rivales que le miran a los ojos. Las mejores noches del proyecto del Asturiano han sido contra Alemania, Italia, Francia o Portugal.

Ahí surge la versión más grandiosa de un grupo de donde surge la obsesión del seleccionador por automatizar movimientos, especialmente cuando pierde la pelota, convierte cada partido en un campo de minas para los jugadores, afanados en cumplir con las órdenes recibidas pues el Mundial está a la vuelta de la esquina. Ayer faltaba Busquets, que es un fijo, y Unai Simón, pero el resto podrá clasificarse por primera vez en Qatar. Así que está bien retomar, cuatro meses después de la última ocasión en que se pudo ver al equipo, la sensación de que la apuesta es la que es, que no va a cambiar y que tiene sus virtudes y sus defectos. Se pueden intuir muchos más de los primeros que de los segundos, pero hay de todo, y eso ten sus riesgos obviamente. Por ejemplo, la dificultad para generar ocasiones ante defensas cerradas.

España solo tuvo ocasiones de goles. Al principio ni cuando Luis Enrique agitó el árbol metiendo a Soler, Dani Olmo y Jordi Alba. Transitó el equipo por el movimiento inocuo del balón, sin mucho más que contar, poniéndose por delante gracias a Ferran Torres, ya jugando de delantero centro, pero vengo como empataba Albania en una carambola producida por un mal despeje de Pau Torres. Arregló con un golazo de Dani Olmo. Pero nada más, acaso en una acción premeditada para dejar el foco donde estaba: en el reencuentro, intenso, de Barcelona con España. Con la selección, que ya tiene un lugar al que volver. Otro. debería intentar ofrecer algo más de espectáculo, e incluido que fuera un partido oficial, pero el paso está loco.

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