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La pelota que ata | Lluís Simon | BARCELONA | Fútbol sala

Un tema de valores que solemos asociar al deporte es el de la integración, pero es difícil verlo en la vida real más allá de una teoría que sobre el papel siempre es buena. Esta temporada, sin embargo, tenemos un caso que demuestra que ciertamente con ganas, esfuerzo, compromiso y apoyo externo, un grupo puede hacerlo realidad. Así, una decena de jugadores callejeros marroquíes encontraron la forma de participar en una competición oficial de la federación de fútbol sala, la primera territorial, gracias al proyecto de la parroquia de Santa Anna, cerca de la Plaza de Catalunya. El llamado hospital rural de esta parroquia está acogido y atendido principalmente por inmigrantes y personas sin hogar y en riesgo de exclusión social. Proporcionan lo básico, como comida, ropa, higiene, orientación laboral y calor.

De la mano de uno de los voluntarios, Fernando Díaz, y de la coordinadora Montse Pujadas, nació la idea de unir a estos jóvenes en un equipo, el Atlètic Mensajeros de la Paz de Cataluña. Era el deporte que más dominaban. Lo juegan en la calle. De hecho, es un deporte callejero. Díaz comenzó a reunir a jóvenes de entre 20 y 30 años hasta que el equipo tomó forma y la federación abrió sus puertas para encajarlos en una de sus categorías.

El técnico admitió que los rivales son de un nivel superior, pero que el objetivo no es ganar partidos sino que el deporte acaba siendo una vía de escape para las particulares dificultades que atraviesan todos. Cosas como tener una camiseta, ir a un vestuario, hacer una piña, asumir una responsabilidad compartida y un compromiso han acabado emocionando a unos jugadores que están ilusionados.

Además de la dificultad de jugar siempre contra rivales de mayor nivel, también está la cuestión económica. Competir siempre implica afrontar una serie de gastos que todos los que practican deportes federados conocen: indumentaria, material deportivo, fichas, arbitraje, pistas, viajes, etc. La parroquia, a través de sus contactos, ya ha hecho un llamamiento a todo aquel que quiera poner su granito de arena en el mantenimiento del equipamiento. Una de las becas fue ofrecida por el expresidente del FC Barcelona Joan Gaspart, quien les dio la oportunidad de jugar partidos como clubes en el polideportivo Clot de la Mel, poniendo así fin a la temporalidad que había acompañado al ordenador cuando è no Incluso tener una oficina permanente.

Desde la misma federación piden más apoyo al equipo ya que la rentabilidad económica no está garantizada. Cuando visten la camiseta naranja de los Atlético Messengers, se olvidan aunque sea por un tiempo de su situación personal, tanto en los entrenamientos como en los 40 minutos de competición.

Montse Pujadas, que coordina esta actividad a través de la asociación Mensajeros de la Paz, cree que la experiencia está teniendo un gran éxito y que debe continuar la próxima temporada, a pesar de la presión económica que supone para la organización, teniendo que hacer frente a todos los pagos.

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