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Decidir a tiempo para cuando no haya Xavi Aguilar | barcelona | Salud

L’Hospital del Mar ha puesto en marcha un nuevo protocolo para que los pacientes con insuficiencia cardiaca puedan decidir, de forma consensuada con su equipo médico y cuando aún tengan oportunidad, qué tipo de atención y tratamiento quieren recibir en caso de que su estado empeore en el futuro. futuro. Es un modelo que va más allá del documento testamentario anticipado, pero que no tiene nada que ver con la eutanasia, sino con la necesidad de evitar que los profesionales tengan que tomar decisiones precipitadas o ciegas en situaciones que, lamentablemente, es suficiente para que puedan terminar. llegar a un punto determinado.

“La idea es que los pacientes se queden lo mejor posible, con los mínimos síntomas, el mayor tiempo posible, pero ya acordaron con ellos cómo quieren seguir el camino final de una enfermedad grave y avanzada. Lo mejor es hablar con ellos. cuando llega tienen la capacidad más que para que un médico que ve a ese paciente por primera vez decida al pie de urgencias”, resume la doctora Sonia Ruiz, cardióloga del Hospital del Mar.

Los pacientes que terminan desarrollando insuficiencia cardíaca debido a una enfermedad tienen el corazón que no funciona correctamente. Tienen frecuentes retenciones de agua y, a partir de cierta edad, cuando se suceden durante mucho tiempo sin acabar, se agotan las posibilidades de tratamientos farmacológicos. Llegados a este punto, es posible que en algún momento se produzca una parada cardiorrespiratoria lo que aumenta la oportunidad de practicar la reanimación, una práctica bastante agresiva que en este perfil de pacientes, con más de 80 años y otras enfermedades asociadas, deja solo el 6% de posibilidades. de recuperación y ninguna mejora del estado anterior.

Por tanto, cuando los pacientes cardíacos llegan a este punto, se les ofrece la oportunidad de hablar despacio y en un ambiente adecuado con los profesionales sanitarios de la unidad de insuficiencia cardíaca sobre el origen de su enfermedad y conocer sus preferencias para el futuro. Si se acepta, se programa una visita de una hora con la enfermera Neus Badosa, la administradora de casos de la unidad. Juntos, y de preferencia con otro familiar, se muestra un breve video de producción propia que muestra prácticas de intubación y reanimación para que los pacientes tengan una idea clara de una práctica que muchas veces no se refleja en las telenovelas. Luego se considera la voluntad o no de someterse y se convoca a los interesados ​​para una segunda reunión, una semana después.

«Tienes que digerirlo, pensarlo con tu familia y acordar, con todas las indicaciones sobre la mesa, cómo proceder, incluso con aspectos importantes como el lugar donde quieres recibir el tratamiento, porque hay escenarios en los que Volver al hospital “El hospital no aporta ningún beneficio y con el apoyo de los equipos ambulatorios puedes hacer muchas cosas desde casa”, afirma Badosa. En esta segunda reunión se acuerda cómo proceder en el futuro y se refleja en la historia del paciente para que sus profesionales de referencia en el CAP lo conozcan.

El programa, que contó con el apoyo de los comités éticos del centro y también fue validado por especialistas externos, comenzó hace unos meses y ya ha seguido a ocho pacientes. Hasta ahora, dos se han negado a participar, mientras que los demás lo han hecho y han optado por renunciar a los intentos de reanimación.

Una de ellas es Josefa, una mujer de 87 años con estenosis cardiaca, recientemente operada de problemas cardíacos y renales, quien, según la doctora Ruiz, se encuentra en «frágil estabilidad», aunque ella insista, que en este momento es se siente «muy bien». Para ella, el procedimiento de información y toma de decisiones fue fácil y comprensible. Además de renunciar a prácticas médicas más agresivas, que según los médicos están dirigidas a otro tipo de casos y pacientes, también ha mostrado interés en recibir la mayor atención y seguimiento posible en el hogar. También es una decisión dominante entre los demás participantes, pero siempre debe sopesarse con la capacidad del entorno familiar para tomarla.

En cualquier caso, “todas estas decisiones pueden ser reevaluadas y modificadas en cualquier momento y tantas veces como sea necesario”, recuerda el Dr. Ruiz. El especialista en insuficiencia cardiaca del Hospital del Mar coincide en que este programa, que va asociado a un estudio clínico que evaluará su utilidad e impacto en los familiares, pretende abandonar prácticas más agresivas, pero lo cree plenamente justificado: «La experiencia médica nos demuestra que ciertas técnicas ya no ayudan, porque están diseñadas para una enfermedad tratable o para una persona con posibilidad de mejoría. Hacerlas en estos casos significa tomar un medicamento que no es adecuado para lo que queremos tratar o una cirugía no curativa”.

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